EL VIAJE DE CLOE
Eugene Chudnovky y Javier Tejada
Ediciones Destino SA
Que dos científicos de la talla de éstos señores se hayan atrevido a contarnos el sueño que ambos tuvieron una noche de verano no deja de ser sorprendente por el hecho de que soñasen lo mismo y por el hecho de contarlo. Lo que nos han brindado es una historia muy interesante y curiosa que atraviesa el tiempo y el espacio. Un viaje por el Universo para entender un poquito mejor la física, la química y la biología. Para comprender mejor nuestro origen y nuestro posible destino.
Nuestra protagonista, Cloe, es una partícula autoreplicante hecha de protones y neutrones del tamaño de un átomo, invisible a nuestros ojos pero de un tamaño considerable (si comparamos un átomo con un campo de fútbol, el núcleo, donde están los protones y los neutrones, ocuparía el espacio de una canica, justo en el centro; los electrones estarían orbitando allá por las porterías). Se formó, Cloe, antes de la gran explosión de Casiopea, su galaxia, consiguió escapar al agujero negro que se formó inmediatamente después y desde entonces ha estado viajando por el universo.
Hasta que se cruzó con nuestra Tierra que inmediatamente le llamó la atención.
Despertó su curiosidad que un astro frío emitiera ondas de radio y microondas como las que todavía le llegaban desde su lejana y perdida Casiopea. Además, esas ondas no eran solo ruido, tenían orden, portaban información. ¿Qué estaba pasando?
Cloe ha pasado mucho tiempo entre nosotros, descubriendo y comprendiendo qué tenía este planeta de extraordinario. Lo primero que le llamó la atención fueron los átomos. Ella venía de un mundo de partículas y llegaba a un mundo de átomos y moléculas donde éstos y éstas se están uniendo, asociando, mezclando continuamente, dando origen a una variedad infinita, y con apenas cien elementos, de minerales, gases, metales, líquidos, sólidos. Millones y millones de organismos, vegetales, animales, hongos, que contienen los mismos elementos que la materia inorgánica, pero rebosantes de vida en continua evolución.
No tardó en entender los fenómenos naturales que se producían en la Tierra, las auroras boreales, el magnetismo terrestre, las mareas, el viento, las tormentas, los rayos, los truenos, la lluvia. Entendió ese fenómeno de separación de electrones de sus átomos para unirse entre ellos y volver a tierra convertidos en rayos, la electricidad.
Y siguiendo esos rayos quedó todavía más sorprendida al comprobar que ese fenómeno natural era reproducido en toda una serie de instalaciones que no tenían nada que ver con la naturaleza, pero que conseguían producir electricidad, energía a voluntad y en las cantidades que eran necesarias para iluminar, para calentar, para mover maquinaria. Siguiendo esas instalaciones llegó a otras donde, aún más sorprendente, conseguían energía de una manera parecida a como se hace en las estrellas, con los núcleos de los átomos.
La lógica de su razonamiento la iba llevando hacia una respuesta que consideraba increíble. Al igual que ella había llegado a comprender todo lo que pasaba a su alrededor, y lo comprendía porque lo razonaba y lo podía explicar, en ese planeta azul en el que se encontraba tendría que haber alguien o algo que hubiese comprendido y hubiese sido capaz de entender y reproducir el mundo natural en su provecho. Algo realmente nada fácil, pero ahí estaban, en esta tierra había unos seres realmente inteligentes, capaces de ir comprendiendo el mundo que tenían alrededor, de ir comprendiéndose a sí mismos.
Cloe se admiró, y se identificó con esa especie bípeda hecha de la misma materia que las estrellas, que habita por todo el planeta, que lo ha hecho suyo y que lo ha transformado de tal manera que en sus manos está el futuro que le espera, para bien o para mal.
Luis González Carrillo
Noviembre de 2011