Quizás el argumento de la nueva novela de Paul Auster, sea la crisis económica que estamos sufriendo en el mundo occidental, y sobre todo en aquellos países donde, además, estalló la burbuja inmobiliaria como Estados Unidos, España o Irlanda.
Quizás el argumento de la novela sea la crisis personal que están viviendo los protagonistas a causa de esa crisis económica o sin necesidad de ella.
Miles Heller, Big Nathan, Alice Bergtrom, Ellen Brice, Morris Heller, Mary-Lee Swann, todos y cada uno de estos personajes adquieren el papel protagonista de la historia cuando el narrador, omnisciente, se centra en ellos.
Arranca el relato, y se cierra, con Miles Heller, neoyorquino de 28 años que lleva siete dando tumbos por todo Estados Unidos, huyendo de sí mismo, de una tragedia familiar provocada por sus ataques de ira. Siete años intentando domeñar su carácter, intentando comprenderse y entender el mundo que le rodea. Siete años sobreviviendo con lo justo, en trabajos sin ninguna cualificación ni pretensión, sólo para llegar al día siguiente.
En su última ocupación, en Florida, observamos el terremoto económico en toda su crudeza. Miles se dedica junto a su cuadrilla, que no amigos, a limpiar las casas después de los desahucios para que sus nuevos propietarios, los bancos, las saquen al mercado cuanto antes para intentar venderlas. Muchas de estas viviendas quedan arrasadas, ensuciadas, reventadas, abandonadas por sus antiguos propietarios en un último grito de rabia y desesperación al verse privados de los ingresos para poder pagar las malditas hipotecas, de ser arrastrados a una crisis que ellos no han provocado, de ser despedidos de sus trabajos u obligados a aceptar salarios de miseria.
En este sobrevivir al día conoce a Pilar, una muchacha de 17 años, brillante estudiante de último curso de bachillerato. Enseguida son conscientes de su atracción física e intelectual. Sólo hay una pega, ella es menor y para evitar más complicaciones en su existencia tendrá que volver a Nueva York a esperar que la chica sea mayor de edad, serán sólo seis meses, seis amargos meses. De paso intentará resolver sus problemas familiares pendientes.
En Nueva York vivirá en una casa okupada por su amigo Big, músico de jazz, reparador de objetos antiguos, idealista y único con el que mantenía el nexo de unión con su vida anterior. La casa está también habitada por Ellen, amiga de Big, pintora de poco éxito, comercial inmobiliaria y Alice, amiga de Ellen, una mujer grande, de origen nórdico, licenciada en filología, que está terminando el doctorado, y que trabaja a tiempo parcial en una ONG que ayuda a escritores perseguidos. Los trabajos de los tres son precarios, les resulta casi imposible, por más disciplinados que sean, llegar a fin de mes, aun pasando hambre y acumulando deudas. Por eso deciden pasar a la acción y ocupar una casa abandonada que ahora es propiedad municipal. Saben que mientras llega el desahucio tendrán un respiro y podrán recuperar un poco su maltrecha economía. Lo bueno es que, efectivamente tendrán un respiro, lo malo es que es sólo eso.
Morris Heller y Mary-Lee Swann son los padres de Miles, tanto él, editor, como ella, actriz, tienen éxito en sus profesiones, han alcanzado un buen estatus. Pero la crisis financiera acecha al editor y la crisis de la edad a la actriz. Están divorciados, casi desde el principio, la actriz les abandonó al inicio de la vida de Miles, incapaz de asumir las responsabilidades de ser madre. Con el tiempo las relaciones entre ellos se normalizaron. Hasta el accidente, hasta la tragedia.
Todo indica que Miles consigue reconstruirse, gracias, sin duda, a Pilar. Y a sus padres que han sabido respetar, a pesar del dolor, la decisión de una persona adulta, aunque rota, a ejercer su libertad, a equivocarse, a encontrarse.
Sin embargo, el final quedará abierto sin saber muy bien que deparará el futuro a estos personajes. Pero ¿acaso alguno de nosotros lo sabe?
Luis González Carrillo
Diciembre de 2010.