Millennium
Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Stieg Larsson
Editorial Destino
Una novela escrita en tres libros. Podrían haber sido más, según la compañera del autor, pero éste murió repentinamente al final de la tercera entrega.
No aportan nada nuevo al mundo de la literatura. Pero eso no importa, ni el autor lo pretendía. Son tres libros, 2.288 páginas, de puro entretenimiento. Empiezas el primero y no descansas hasta que has acabado el último. Y eso tiene su mérito, por eso ha vendido millones y millones de libros en todo el mundo. Son superventas y eso permite sobrevivir a editoriales y librerías, cosa que es de agradecer.
Creo que estas novelas del finado Larson tienen trampa. Sin duda, era un tipo listo. Había leído mucha novela negra y sabía manejarse en ese terreno. Era periodista y había escrito bastantes reportajes y artículos sobre los tejes manejes de políticos y empresarios, sobre los movimientos neonazis (estaba amenazado por ellos), sobre las guerras y sobre todo tipo de violencia, especialmente la ejercida a las mujeres o marcadamente racista. Sabía cómo se debe escribir un texto para que resulte atractivo.
Precisamente porque conocía el terreno en el que se movía, podía permitirse hacer trampa y llegar a tantísimos lectores.
Supongo que uno cuando se pone a escribir una trilogía de más de dos mil páginas (y las que pudieran venir después) no dispone de la fórmula del éxito, pero si puede intuir que aquello puede funcionar. Aunque el hombre no llegó a tiempo para verlo.
Las trampas. La primera, las mujeres. Son grandes consumidoras de libros, de toda clase de libros. Si las consigues, tienes mucho ganado. Larson en esto es un maestro, porque las conoce muy bien y es muy consciente de lo injusto del trato que han recibido a lo largo de la historia. Sus mujeres, empezando por Lisbeth Salander, alter ego adulta de Pipi Calzaslargas, coprotagonista de la trilogía, son modernas, comprometidas, formadas, sexualmente activas, con un alto sentido de la moralidad, de la justicia (pudiendo llevarse a un extremo tan peligroso como la venganza). Apenas recuerdo, en las novelas, alguna mujer que sea mediocre, sumisa o con un rol negativo. Para Larson, ellas asumen su papel principal en esta obra de teatro que es la vida, dejan de ser secundarias, toman el poder. Deja claro a lo largo de las novelas que si esto es así a la humanidad entera le irá mejor. Yo también lo creo, que nos iría mejor, vamos, si las mujeres tuviesen todo el protagonismo que merecen. Pero, la sociedad, de momento, no es así. Primera trampa.
Segunda, el protagonista Mikel Blomkvist. Joder, el tío que todos quisiéramos ser. Alto (no demasiado), guapo (no demasiado), buen cuerpo (aunque empieza a tener barriga) inteligente (sin alardear), íntegro (pero sabiendo cuando se tiene que saltar las reglas), estupendo amante (además, discreto) y sobre todo, amigo de sus amigos, la amistad es respeto y confianza, dirá. Qué mujer, (qué hombre), se puede resistir a semejante individuo.
Tercera, las tramas. Los tres libros se pueden leer de manera independiente, pero en orden son un todo que el lector agradecerá para la comprensión final de toda la trama. La trampa está (esto de las trampas, en realidad es un modo de hablar) en que resultan trepidantes, vertiginosas, sorprendentes, son como una película de acción, en la que ésta no puede parar. No deja casi respirar al lector para que quede totalmente enganchado.
En el primero la cosa va de violencia contra las mujeres, de asesinos en serie, sicópatas que las ven como un exclusivo objeto de sus fantasías más macabras; de viejos y nuevos nazis; de corrupción empresarial; de redes informáticas; de algo de sexo y de relaciones personales complicadas.
El segundo y el tercero son más continuistas el uno del otro, creo que tienen una mayor dependencia entre sí que con el primero, aunque ya digo los tres se van explicando unos a otros.
En éstos, los personajes Salander y Blomkvist adquieren más protagonismo, quiero decir que las tramas se centran en ellos. Lisbeth será atrapada por su pasado que la arrollará de manera brutal. Mikel, empleándose a fondo en su papel de periodista investigador, saldrá en su ayuda. El estado aparecerá con su lado más oscuro y violento. De nuevo, violencia contra las mujeres, la trata de blancas, incluidas menores de edad. Violencia como mar de fondo.
Se dice que son novelas negras porque tienen intriga, asesinatos, policías, detectives que, sean profesionales o no, se meten en las cloacas de las sociedades desarrolladas, en este caso la sueca, denunciando todos sus abusos. Y resuelven los enigmas.
Yo no las catalogaría así. La novela negra es un fiel reflejo de la sociedad, es periodismo de investigación, ves los desmanes que te rodean retratados en ellas con realismo, con poco excesos, que la vida real ya los tiene. Sus protagonistas podemos ser cualquiera de nosotros con nuestras virtudes y miserias. Su lectura te suele dejar un poso amargo porque no siempre se pueden resolver los casos y es raro que se haga justicia. Como la vida misma.
Lo malo de toda esta historia, o historias, es que no resultan creíbles (a mi por lo menos), a los protagonistas les pasan tantas cosas, las situaciones dan giros tan espectaculares. Los personajes buenos lo son hasta casi el empalagamiento, y los malos, tanto, que uno ni siquiera se puede identificar con ellos.
Pero eso qué importa, tampoco Indiana Jones o La Guerra de las Galaxias lo son y sin embargo, reventaron las taquillas y resultaron de lo más entretenidas.
Finalmente, son libros de puro entretenimiento, bien escritos, con un elenco de personajes bien desarrollados, con argumentos de denuncia social en los que el autor toma partido para ponerse del lado de los que, todavía, creemos que un mundo más justo es posible.
Nada más, y nada menos.
Luis González Carrillo