MEMORIAS, VIDAS Y COSTUMBRES DE UN PUEBLO, CAMPO DE CRIPTANA
VILLAJOS LUCAS
Editado por la Asociación Encinares Vivos de la Mancha, Campo de Criptana.
De vez en cuando los libros tienen estas cosas. Están escondidos en la memoria de alguien y lo normal es que no salgan a la luz. Afortunadamente, en este caso, Villajos Lucas rescató este libro de su memoria, y la asociación Encinares Vivos de la Mancha ha tenido el buen gusto de publicarlo.
Villajos Lucas fue un hombre que vivió entre 1907 y 2001. Noventa y cuatro años de vida de pura observación. Hombre de condición muy humilde, jornalero toda su vida, trabajador incansable, sin apenas haber ido a la escuela, fue, sin duda, un ilustrado, de un mérito y una capacidad encomiables. No es nada fácil expresar la vida de todo un pueblo a lo largo del tiempo que coincide con tu vida, sin haber recibido formación, fruto de un conocimiento autodidacta que haría enrojecer a más de un académico de la lengua.
No hay que fiarse de la Historia, la suelen escribir los vencedores, o los poderosos. El impagable mérito que tienen las memorias de Villajos es que cuentan lo que era este país desde el punto de vista de un jornalero. No se anda con metáforas, eufemismos, descripciones, o cualquier otra floritura literaria. No, él cuenta cómo era la vida en un pueblo de la Mancha , se centra sobre todo en los decenios décimo, vigésimo y hasta mediados del trigésimo del pasado siglo. Del resto, apenas unas pinceladas para hacer notar los inmensos cambios, y su perplejidad ante los mismos, que se han producido en la sociedad.
No da una unidad a sus recuerdos, los estructura en 120 entradas, de las cuales 114 corresponden a los primeros treinta años de su vida, prácticamente hasta la guerra civil (pasa de puntillas por este tema, pero nos queda claro su horror por lo que pasó). Cada entrada corresponde a un aspecto vital de aquél pueblo, de aquella sociedad. Las escuelas, Los mercados, La llegada de la luz eléctrica, La banca, La gripe del 18, Los Molinos, La Cuaresma, Los quintos, Las bodegas, Las limosnas, Los Peones del campo, Los mozos...
Es un magnífico libro de historia. Villajos Lucas pone voz a todos aquellos a los que la historia olvida tan fácilmente. Explica con exactitud, con rigor, sin apenas proponérselo, cómo era la sociedad manchega de principios de siglo. Nos consigue trasladar a esa época y constatamos, entre sorprendidos y horrorizados, la durísimas condiciones de vida de los pobres, de los jornaleros, de la inmensa mayoría de la población. Y cómo el desarrollo, que a este país llegó con tanto retraso, a partir de los años treinta y truncado por la guerra, fue liberando a las clases trabajadoras de tanto sometimiento, de sobrevivir en una economía de subsistencia, donde un poco de carne, un vaso de leche de cabra, o unos zapatos eran un lujo al alcance de muy pocos.
Lo va contando Villajos, sin un ápice de rencor, de odio, a pesar de las tremendas condiciones. Pero tampoco oculta nada, las cosas como son, “con mi trabajo en la tierra he mantenido a mil vagos, señoritos en Madrid,...” diría en un poema de 1928. O cuando hace referencia a la expresión “echar una boca fuera” refiriéndose a los niños y niñas de ocho o nueve años que salían de sus casas para ir a las casas de los amos, o cualquier otro trabajo, el caso es que salían de sus casas con el alivio que esto suponía para la familia al tener una boca menos que alimentar.
Es también, sin pretenderlo, un buen tratado sobre lingüística, sobre un lenguaje, sobre unas palabras casi olvidadas o con un significado diferente. Las anotaciones en los márgenes nos permiten conocer el sentido de palabras caídas en desuso o irremediablemente perdidas porque sus oficios sencillamente dejaron de existir y se fueron, las palabras, con ellos.
Por último, un recuerdo para los editores, la Asociación de Encinares Vivos de la Mancha. Al final del libro explican su proyecto, recuperar el paisaje autóctono de esta zona repoblando montes y terrenos de cultivo abandonados con millones de encinas, el proyecto ya está en marcha y en unos años, con un poco de suerte, podremos contemplar grandes extensiones de encinares, y, ya saben, los árboles nos dan la vida.
Tiene mucho sentido que hayan editado las memorias de un gran hombre, Villajos Lucas, que como los árboles, nos devuelve a la tierra de la que venimos pero que vamos olvidando.
Luis González Carrillo