Volvemos a la fría Suecia de la mano de Mankell, seguimos sin noticias de Wallander. En esta ocasión la protagonista es Birgitta Roslin, jueza sueca, mujer madura que empieza a sentir el frío aliento del paso inexorable del tiempo.
En un pequeño pueblo de los profundos bosques del norte del país escandinavo se han cargado a casi todos los habitantes, todos ancianos. También a un niño. Todos emparentados, menos tres personas, las únicas que han sobrevivido a la masacre. Torturados, asesinados de manera brutal, salvaje, con ensañamiento. Todos menos el niño, él morirá de un golpe limpio, certero, inmediato.
Antes de que la jueza Birgitta tome protagonismo, asistimos al descubrimiento del macabro escenario, las primeras investigaciones, las primeras especulaciones, incluso la resolución del caso. O eso creen.
Mankel nos invita a un paseo por el tiempo y el espacio. Nos llevará y nos traerá por el final del siglo XIX, por todo el XX, hasta estos comienzos del XXI. De China a América del Norte, pasando por Europa, África. Y vuelta.
El progreso de los países occidentales ha estado cimentado en el colonialismo de América, África y Asia. El progreso de los países occidentales, y de los demás, siempre ha estado, y está, cimentado en la explotación de hombres y mujeres, de sus ciudadanos, y de los traídos de fuera, como esclavos o como mano de obra explotada. El progreso ha estado cimentado, y lo sigue estando, en todos los países, en la sobreexplotación de los recursos naturales. De esto también va la novela.
Birgitta descubrirá que, se podría decir, está emparentada con uno de los matrimonios asesinados. Rebuscará en su historia familiar e irá encontrando extrañas conexiones, casualidades sorprendentes. La masacre irá ocupando, extraoficialmente, todo su interés. También, como en todos los personajes centrales de Mankkel, descubriremos una personalidad preocupada por prestar un buen servicio público, por hacer bien su trabajo. Una persona angustiada por sus miedos, inseguridades, fracasos, ilusiones. Una mujer en plena crisis matrimonial. Desengañada del rumbo que está tomando la sociedad sueca. Pero con muchas ganas de seguir descubriendo sentimientos, verdades, lugares.
Asistiremos a la construcción del ferrocarril que unió las dos costas norteamericanas. Desde el lado de un pobre desgraciado chino, secuestrado en Cantón cuando intentaba huir de la miseria de su país, China, aún sumida en el feudalismo, y obligado a trabajar como esclavo para recuperar su libertad. Y desde el lado de un capataz sueco, emigrado también para huir de la pobre Europa de finales del diecinueve, que será el látigo del poderoso.
Viviremos el nacimiento de una misión de cristianos suecos en una ciudad china. Los blancos de nuevo a salvar las almas de los infieles, de los irreverentes, de los herejes.
La jueza Birgitta irá atando cabos, irá viajando, conociendo sin entender.
China, tan inmensa, tan sorprendente, tan inquietante, tan desconocida. La revolución Cultural, Mao. Un país, mil millones de personas intentando salir de la pobreza extrema. Que al menos, cada persona tenga un par de zapatos, un par de pantalones, un poco de arroz, poco, pero para todos. Los sacrificios deben de ser enormes, pero los miserables de la tierra deben tener su oportunidad. El ejemplo a seguir, la Unión Soviética, evitando errores si se puede. Que no se pudo. Desastre.
El asesino (¿O son más?), sigue suelto. La historia, la novela continúa.
China ha dejado atrás la sociedad comunista. Sigue el Partido Comunista controlándolo todo. Pero los tiempos han cambiado, para adaptarse a ellos, el capitalismo más salvaje se ha instaurado en las élites del partido. Unos pocos, como en todos sitios, se están forrando a costa de la inmensa mayoría, explotada salvajemente, de nuevo, y están imponiendo sus reglas en el escenario internacional. África, vuelve a aparecer, esta vez los colonos quieren ser esos chinos poderosos.
Y almas idealistas, en Suecia, en China, en África, que creen, que luchan porque las cosas cambien, porque algún día, este mundo sea más justo, porque algún día acabe la explotación de las personas, de los países, de la naturaleza.
De todo esto habla la novela. Y de asesinatos, que tendremos que leer para ver si se resuelven.
Luis González Carrillo