Algunos no dejamos de ser adolescentes nunca.
A Will le tocó la lotería cuando nació. Es un decir, lo que en realidad pasó es que su padre, ya muerto, escribió una canción navideña que se hizo muy popular y todos los meses le cae una pasta por los derechos de autor. Así, con treinta y seis años no ha dado un palo al agua, sus únicas preocupaciones son cómo combinar la ropa que lleva, que corte de pelo le favorece más, o cómo pasar las horas que los demás dedican a trabajar. Y por supuesto, se preocupa de dónde están los caladeros de tías buenas a las que poderse tirar sin mayor compromiso que una buena cena.
Otros somos viejos antes de haber pasado la adolescencia.
Marcus vive con su madre, divorciada, naturista convencida y plomazo. Tiene doce años pero parece que le ha pasado toda la vida en ese corto espacio de tiempo, es introvertido, circunspecto, reflexivo y extremadamente inteligente. Entiende a los mayores aunque no les comprende. Para él es evidente cómo se deben hacer las cosas. A veces da la sensación de ser de otra galaxia, de no asimilar los códigos por los que se mueve nuestra sociedad. Marcus no entiende la ironía, el sarcasmo, las mentiras que tanto utilizamos en nuestras relaciones.
El despreocupado Will se dará cuenta de que las mujeres divorciadas con hijos son un auténtico filón. Jugará a ser un hombre serio y responsable para así atraerlas a su red. Se inventa una separación y un hijo que vive con él, pobrecito. Y en una reunión de padres separados, terapias donde se descarga el odio hacia el ex, principalmente, o la ex, conocerá a Suzie y a través de ésta a Marcus.
Y a partir de entonces todo cambia. En un tono bastante desenfadado y divertido Hornby nos irá mostrando el intricado camino de las relaciones humanas, cómo pasamos del exclusivo interés personal a la mayor de las generosidades. Quizás sea la combinación de altruismo y egoísmo el tema sobre el que gira la novela, quizás sea esto lo que hace que vayamos avanzando poco a poco, como personas y como sociedad. Aunque viendo lo que pasa continuamente uno mantenga su escepticismo con respecto a avances de unas y otra.
En cualquier caso es una novela recomendable, pasaréis un buen rato con los diálogos que tienen los personajes, sobre todo Will y Marcus, y las reflexiones interiores de ambos que van desde la incredulidad a la perplejidad, pasando por la incomprensión, hasta llegar a la empatía.
De esta novela se hizo una película con el mismo nombre dirigida por Paul y Chris Weitz y protagonizada por Hugh Grant.
Luis González Carrillo