El sol de los Scorta
Laurent Gaudé
Editorial Narrativa Salamandra
Al sur de Italia, en Apulia, la región que es talón de Aquiles y tacón de la bota italiana, se desarrolla la vida entera en cuatro generaciones.
Luciano Mascalzone, delincuente de poca monta, vuelve a Montepuccio en 1875, para vivir el sueño de sus últimos quince años. El último sueño de su vida, el recuerdo que le ha mantenido vivo. Estar, tener, poseer, al menos una vez, a la mujer que le ha obsesionado. Ese encuentro traerá confusión, muerte y vida.
Rocco Scorta Mascalzone superará a su padre, se convertirá en un autentico y respetable delincuente, que regresará a su pueblo natal, aterrorizará a sus habitantes haciéndoles pagar el trato sufrido por su padre. Después les dejará en paz, y aquellos, viles, le respetarán, por su fortuna. Su final también traerá confusión.
Los hijos de la Muda y Rocco, Domenico, Giussepe y Carmela habrán de empezar de cero. Un viaje de ida y vuelta, en 1928, a Nueva York marcará el inicio de su vida adulta. La vida de riqueza, fruto de los negocios de su padre, que habían llevado desde su infancia y adolescencia se volverá extrema pobreza en los albores de la juventud. Deberán reconstruirse. Una vida dura y sacrificada les devolverá su lugar en el pueblo, sin ataduras con el pasado, reconquistarán su lugar y crearán, al fin, una familia.
Los Scorta, Carmela, Giussepe y Domenico, también Raffaele, el único amigo de infancia que tuvieron, que con todo el derecho se convertirá en hermano, olvidando su insignificante apellido para formar parte de la única familia a la que pertenece, para ello deberá renunciar a su deseo más amado. Ellos serán los que tejerán los lazos familiares inquebrantables.
El desarrollo vital de estos hermanos será el nudo de la novela. El planteamiento fueron sus padres y abuelos, accidentes en Montepuccio. El desenlace será Anna, la última Scorta, el futuro de los Scorta.
Una novela sobre el sur de Italia que no habla de mafias, cosas nostras, gomorras, sino de gente condenada a la humildad, al duro trabajo, a la honestidad. A cuidar de sí mismos, porque solos no son nada, pero juntos son la familia, sin connotaciones hampunas. Cada uno de ellos son simples aceitunas que caen del árbol que solas se pudrirán, pero juntas darán oro, oro líquido.
En una tierra dura, quemada y bendecida por el sol, seca y regada con cuatro gotas, ha sido el sudor de sus hombres y mujeres el que consiguió que los olivos aliviasen su sed y pudieran ser generosos con su fruto, que les permitiera ir sobreviviendo, con sus ancestrales tradiciones, con sus curas confesores y cómplices, enraizados como ellos a una tierra que les quema y a la que adoran.
Una novela sobre la vida, sobre el instante que ocupamos cada generación, sobre ese breve periodo de tiempo en el que sentimos que la tierra nos pertenece, que somos su fruto maduro, que podemos amar loca e intensamente, ese momento en el que podemos rebelarnos, que tenemos la fuerza suficiente para cambiar el rumbo de la vida misma. Luego, al poco, nuestro turno pasa y nos sentamos en esas viejas sillas de anea a ver el tiempo de las nuevas generaciones, y poco a poco vamos dejando el sitio. Nueva cosecha de aceitunas, nuevo aceite, líquido, sangre que correrá por las venas de la vida.
Luis González Carrillo