Comisario Guido Brunetti
Donna Leon
Editorial Seix Barral
En tiempos de melancolía y abatimiento es necesario recurrir a la novela negra. En este caso, se echó mano de la serie del comisario Guido Brunetti, de la policía de Venecia, novelas escritas por la norteamericana Donna Leon, residente en la ciudad.
Son diecisiete novelas que se desarrollan desde 1992 hasta este año, 2008. La primera, Muerte en la Fenice, la última, La chica de sus sueños, entre medias, Muerte en un país extraño, Vestido para la muerte, Muerte y juicio, Acqua Alta, Mientras dormían, Nobleza obliga, El peor remedio, Amigos en las altas esferas, Un mar de problemas, Malas artes, Piedras ensangrentadas, Veneno de cristal y Líbranos del bien.
Varias cosas buenas de estas novelas: La primera, Venecia. Tuvimos la suerte de visitar esta ciudad durante una semana, unos meses antes de comenzar la lectura de las novelas. Cuando vamos a una ciudad, o cualquier otro lugar, procuramos tomárnoslo con calma. Es cierto que, más o menos, tenemos una idea clara de los lugares más importantes que hay que ver, y procuramos cumplir con nuestro deber de turistas, pero también es verdad que nos dejamos llevar por la ciudad, por su tiempo, por su ritmo. Paseamos muchas veces sin rumbo y procuramos salirnos del circuito, y allí fuera, encontramos la ciudad de sus habitantes.
Así, acompañar al bueno de Brunetti ha sido doblemente satisfactorio ya que, no sólo me ha reportado la intriga de sus casos, o el razonamiento que lleva a la resolución de los mismos, también me ha mostrado la ciudad de los canales como yo la había visto pero no había comprendido. Me ha contado en qué estaban pensando los venecianos cuando les veía en los autobuses que te llevan de Mestre a la ciudad, o sentados en las mesas de los cafés y restaurantes, o mientras hacían la compra en el mercado de frutas, verduras y pescados que hay a la bajada de Rialto. Se acaba de publicar un libro que hace precisamente eso, recorrer Venecia a través de Brunetti, se llama Paseos por Venecia, lo ha escrito Toni Sepeda, editorial Seix Barral, seguramente será una buena guía.
También es verdaderamente interesante el panorama que en cada una de las historias Donna Leon nos va desvelando de la sociedad actual italiana. Un país harto y encantado de sí mismo.
Va tratando los conflictos norte-sur, rico y educado, pobre y corrupto. El fascismo que toma su rostro ultranacionalista y separatista en el norte y populista en el sur. La corrupción, desde las más altas esferas hasta los lugares más comunes, desde la venta de armas hasta los tikets de compra en cualquier comercio, y como ésta, la corrupción, es aceptada con resignación por unos y con verdadera pasión por otros. El hastío y el escepticismo hacia la política, el estado, la administración (el mismo Brunetti es un funcionario desencantado que trata de hacer lo mejor que puede su trabajo) que ha hecho que los ciudadanos dimitan de tal condición y hayan dejado el poder en manos de populistas y fascistas sin escrúpulos.
Todos los asuntos que nos son de actualidad en la sociedad europea, sirven a la autora para desarrollar sus tramas, bien desarrolladas y argumentadas. La pederastia, la inmigración del sur y del este, la trata de blancas, el turismo sexual, las falsificaciones de obras de arte o baratijas turísticas, el abandono de personas mayores, la corrupción urbanística, las drogas, el racismo, la xenofobia, la contaminación ambiental, los vertidos ilegales, el oportunismo ecológico, la ineficacia de la administración, el tráfico de armas, la adopción ilegal, la brutalidad policial, la hipocresía de la Iglesia Católica. Y como, no, la mafia que lo ha podrido todo.
Son las novelas, y el propio Brunetti, una excusa. Lo que realmente está haciendo Dona Leon es denunciar una sociedad, unas situaciones, que no le gustan. Son, las novelas, un grito de rabia contra todo lo que está pasando y contra la pasividad de las administraciones y los estados. Un grito contra nosotros mismos, acaso para que despertemos.
Y ahora, los peros. Para que se puedan leer sin orden, o comprar cualquiera de ellas en un quiosco de aeropuerto y sea una historia completa, caso cerrado, creo que el desarrollo de los personajes es un tanto ligero. Nos hemos, los lectores, tenido que construir la vida de los protagonistas secundarios. Salvo el comisario, los demás aparecen con pinceladas. Igualmente, no hay, apenas, ningún tipo de continuidad, no ya en las historias, tampoco en los personajes. No podemos seguir la evolución de los hijos del policía, de su mujer, Paola.
Lo mismo ocurre con los colegas de la comisaría, nos deja con la miel en los labios ante las posibilidades del inspector Vianello o la sorprendente Elettra. Algún personaje, importante en todas las novelas, es retratado como un verdadero y simple estúpido, quizás para mostrarnos que cualquier imbécil puede ocupar cargos de responsabilidad con tal de que sepa servir a quien corresponda en cada momento y situación.
A pesar de todo ello...son novelas entretenidas que nos evadirán durante un rato y, además, son una crónica crítica de la sociedad italiana (pero podría ser de cualquier país europeo). Es la novela negra, el periodismo de investigación que nos falta en los países desarrollados políticamente tan homogéneos, donde los medios de comunicación están en manos de unos pocos, en el mejor de los casos.
Luis González Carrillo