EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO
EDUARDO MENDOZA
Ed. Seix Barral
En estos tiempos de integrismo y fanatismo religioso, en estos tiempos de condena de la laicidad y el relativismo moral es bueno darse un descanso y tomarse las cosas con filosofía.
Para eso nada mejor que el asombroso viaje del fisiólogo, y a ratos filósofo, Pomponio Flato (ojo que en este libro ningún nombre, gentilicio o situación son casuales) por el Israel de comienzos de nuestra era, donde se esperaba la llegada del nuevo Mesías, que podría aparecer por cualquier lugar y momento.
Pomponio, utilizando el recurso epistolar, le va contando a su amigo Fabio los hechos que le acontecieron en una ciudad judía, llamada Nazaret, donde recaló casualmente para recuperarse de los efectos causados en sí mismo en la búsqueda de los manantiales del conocimiento, que como cualquier científico sabe pueden causar estragos en la salud.
Flato se verá inmerso en una fantástica aventura donde se mezclan la historia con la novela negra con los hechos relatados en los libros sagrados. Un carpintero es acusado de homicidio y su pequeño y soñador hijo le contratará para demostrar su inocencia. Deberá resolver un misterio ante una población acostumbrada a misterios no unos sino trinos.
Eduardo Mendoza nos regala un relato divertido, irónico, cínico en ocasiones, y con mucha retranca. Se sirve de acontecimientos sobradamente conocidos para darles la vuelta, ponerlos a su servicio y sorprendernos a todos. O, sencillamente, se inventa lo que pudo haber sido.
Es un libro que nos hace reír a mandíbula batiente pero que sonrojará a más de uno de estos escritores de la llamada novela histórica, esa que se sirve de supuestos hechos reales para montarse misterios, códigos, cábalas, tramas, ocultismos, hermetismos, conspiraciones milenarias, órdenes religiosas, claves secretas y demás mandangas que intentan explicar hechos que a lo largo de la historia no han tenido más sentido que el propio azar, la incompetencia, las ansias de poder de sus protagonistas o el deseo de estos mismos de que las cosas fuesen diferentes a como finalmente fueron.
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Luis González Carrillo
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