De allí venimos. De pie sobre la arena de la playa que hoy conocemos por su nombre en clave ,Omaha, ¿cómo no recordar que allí murieron -sólo entre los norteamericanos- cerca de tres mil hombres?. Tanta sangre vertida tiñó el mar en la costa y le valió ese apelativo, la Sangrienta Omaha. Demasiado dolor para sentirse a gusto.
De pie sobre el anchísimo márgen que discurre entre el agua y las primeras ondulaciones de terreno, puedes imaginar a los soldados bajando de las barcazas, puedes sentir su miedo y la certeza de que la muerte rápida es quizá lo más piadoso que te puede ocurrir ese día. Enfrente, bajo los bombardeos y frente al desembarco, el ejército alemán compuesto en esa zona y ese tiempo por lo que se conoce como tropas de segunda clase: hombres mayores, muchachos casi niños y lisiados.
Cerca, dos lugares para la memoria. El cementerio americano que, con perdón, parece mantener en formación castrense a los caídos, en acto de servicio para siempre. Y ese otro cementerio, el alemán, donde domina la sensación de la tristeza.
Le digo a Rafa que no sé que decir, Puedes escribir alguna cosa sobre sobre el espectáculo en que se han convertido los desembarcos de los liberadores, o sobre los niños-soldados muertos sin saber qué mierda hacían en los bunquer esos. Yo te mando una foto de los cementerios. De momento., me contesta.
Aquí están. Y también un enlace que cuenta mucho de lo que no decimos. Por motivos de espacio más que nada.

Cementerio norteaméricano
|

Cementerio Alemán
|